Toda actividad requiere una retroalimentación constante para mejorar procesos; sin embargo, ideológicamente siempre nos han inculcado un rechazo y un temor desmedido hacia esta herramienta de control que generalmente transmitimos cuando a nosotros nos corresponde emplearla.Ser conscientes de este "poder" mal empleado, es el primer paso para revertir esta tradición y convertirla en una aliada nuestra que nos va a permitir llevar controles de mejoramiento durante todo el trabajo realizado con los estudiantes.
Somos nosotros, los educadores, quienes debemos liderar este cambio de mentalidad frente a lo que tradicionalmente se ha concebido como evaluación y hacer que se tome como algo imprescindible e incuestionable tanto dentro del contexto educativo como en cualquier actividad que como personas se emprenda.
Integrar la evaluación como parte activa de nuestro desempeño, implica entonces dismitificarla, empezando por nosotros mismos que fuera del temor que secretamente le profesamos, la utilizamos no como estrategia de mejoramiento, sino como una arma contra nuestros "indefensos" estudiantes.

No hay comentarios:
Publicar un comentario